¿Cuánta Vitamina C necesitamos?
Determinar cuánta vitamina C necesitamos realmente va mucho más allá de las DDR tradicionales, diseñadas únicamente para prevenir el escorbuto. La evidencia científica acumulada apunta a que el organismo humano opera de forma óptima cuando sus tejidos mantienen niveles cercanos a la saturación, muy superiores a las recomendaciones mínimas oficiales. Estudios comparativos con animales incapaces de sintetizar vitamina C, análisis de tejidos humanos y observaciones clínicas evidencian que muchas personas —especialmente fumadores, ancianos, individuos con estrés crónico o convalecientes— requieren aportes significativamente mayores. La pregunta clave no es cuánto basta para evitar una deficiencia, sino qué cantidad es necesaria para sostener una función inmunológica robusta, una adecuada regulación metabólica y un nivel de salud verdaderamente óptimo.
Disparidad internacional en las dosis recomendadas y su enfoque mínimo preventivo
En Gran Bretaña, la dosis diaria recomendable es de 30 mg. En los Estados Unidos es mayor: 60 mg. En Rusia es de 200 mg. Si fuéramos un animal de laboratorio al que intentasen mantener en óptimas condiciones, lo más probable es que nos dieran una dosis 50 veces superior a la recomendada para los seres humanos. ¿A qué se deben todas estas discrepancias? Todo depende de lo que se pretenda conseguir.
Las DDR( dosis diaria recomendada) oficiales de Gran Bretaña y los Estados Unidos corresponden a las concentraciones mínimas que se consideran suficientes para prevenir el Escorbuto. Dicho de otra manera, si tomamos 30 o 60 mg. De vitamina C al día, nos aseguramos de que, durante cierto tiempo, tendremos reservas de vitamina C como para evitar el escorbuto.
Hallazgos experimentales que cuestionan las DDR tradicionales
Las experiencias realizadas por el doctor Emil Ginter, de Checoslovaquia, con cobayas ( que tampoco son capaces de sintetizar su propia vitamina C), revelaron que aquellos ejemplares a los que se habían suministrado cantidades de vitamina C lo suficientemente elevadas como para alcanzar concentraciones próximas al nivel de saturación vivían mucho mejor que las que tenían una menor concentración (Prevention magazine, Understanding Vitamins and Minerals, Rodale Press, Emmaus, Pennsylvania, 1984). El primer grupo tuvo menos problemas de colesterol y de piedras en la vesícula biliar que el segundo, cuando ambos estuvieron sometidos a un régimen que provocaba la aparición de cálculos biliares. Las cobayas que recibieron grandes dosis de vitamina C disfrutaban de una salud mucho mejor que aquellas que solamente recibían la cantidad indispensable para evitar el escorbuto.
La mayoría de los animales necesitan una concentración de vitamina C próxima al nivel de saturación para poder mantener una salud óptima. Cada vez hay más especialistas que creen que este nivel de saturación de vitamina C también debería ser habitual en el hombre. De hecho, era la norma cuando nuestra especie vivía exclusivamente en los trópicos. Por lo tanto, a la cuestión de cuánta vitamina C necesitamos habría que contestar que la suficiente para asegurar una concentración óptima en todos nuestros tejidos. Es decir, que si deseamos mantenerse en un estado de salud superior al que supone limitarse a evitar el escorbuto, debemos ingerir unas cantidades notablemente superiores a las DDR de 30 y 60 mg recomendadas por las autoridades británicas o norteamericanas respectivamente. El doctor w. M. Ringsdorf, de la University of Alabama, opina lo siguiente ( Understanding Vitamins and Minerals ):
Pauling basó sus cálculos en la cantidad de vitamina C que sería capaz de sintetizar una cabra de 70 kg de peso, equivalente al de un ser humano, y el valor resultó ser de 13.000 mg al día. Pero si en vez de la cabra nos basásemos en el ratón, el equivalente humano sería de 9.000 mg al día. Basándonos en el conejo, obtendríamos solamente 350 mg. Si partiésemos de los niveles de saturación de estos animales para calcular el nuestro, probablemente obtendríamos también unos valores muy diversos.
El doctor Gintner analizó los propios tejidos humanos para averiguar cuál sería su «máxima capacidad» ( Understanding Vitamins and Minerals). Descubrió que este valor debería ser de unos 5.000 mg (aproximadamente 64 mg/kilo). Por lo que conocemos acerca del metabolismo y la absorción de la vitamina C, se deduce que la cantidad que deberíamos ingerir a diario para mantener una concentración óptima es de 200 mg.
Variabilidad individual y necesidad de ajustar la dosis de vitamina
Pero incluso esta cantidad puede que sea insuficiente para muchos individuos. De entrada, porque presupone que las reservas de vitamina C ya están a un nivel de saturación y que lo único que se precisa es mantener estas reservas. Una persona cuyo nivel sea inferior a los 5.000 mg es probable que, para empezar, necesite ingerir mayores dosis de vitamina para conseguir elevar sus niveles hasta el punto óptimo. Tampoco será suficiente para aquellas personas con niveles muy bajos, como los fumadores (cuyo DDR ya habrá ascendido por encima de los valores normales ), los ancianos, diabéticos, personas sometidas a estrés, alérgicos o toxicómanos. Además, también puede haber causas genéticas o ambientales que hagan que una persona requiera dosis superiores para alcanzar el nivel de saturación. Por último, las concentraciones de vitamina C en sangre no son necesariamente un buen indicador de si hay o no concentraciones suficientes en otras partes del cuerpo. Recordemos, por ejemplo, que las concentraciones de vitamina C en los ojos suelen ser de 30 a 50 veces superiores alas de la sangre.
Quizá sea necesario establecer algún tipo de normativa. Por ejemplo, se podría analizar la cantidad de vitamina C necesaria para reducir las concentraciones de colesterol en la sangre. La doctora Constance Leslie, patóloga del Pinderfields Hospital, Wakefield, en Yorkshire, Inglaterra, lo ha comprobado en sí misma (Better Nutrition for Today’s Living, agosto de 1990). Comprobó que cuando ingería un gramo diario de ácido ascórbico (vitamina C) su concentración de Colesterol en sangre disminuía de 230 a 140. Cuando interrumpía las tomas, la concentración volvía a ser de 230. Repitió la experiencia con algunos pacientes del hospital y obtuvo similares resultados.
El desafío histórico de medir las necesidades reales de vitamina C
Hace cuarenta o cincuenta años, los precursores de las investigaciones en el campo de la nutrición ya se dieron cuenta de que habría que establecer las necesidades de una vitamina en función de la función biológica que desarrolla. Pero no tenían ni idea de cómo se podrían efectuar estas mediciones. Desde hace mucho tiempo se sabe que el organismo excreta los excesos de vitamina C que no necesita. Sin embargo, podría medirse la cantidad de vitamina C que se expulsa con la orina. Si no aparecen rastros de vitamina C, podría deducirse que esa persona ha metabolizado toda la vitamina C ingerida, o que su organismo presenta un estado carencial. De todos modos, hará falta bastante tiempo y numerosas investigaciones antes de que los expertos se pongan de acuerdo acerca de cuál es exactamente la cantidad de vitamina C que necesitamos. De lo que no se duda es de que las cantidades recomendadas de 60 mg. son en cualquier caso insuficientes.
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® Documento elaborado por el departamento Asesoria Tecnica de Nutergia España.





